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¡Alerta! Vacunas de Covid19 emplean células de fetos abortados

Escrito por La Verdad Ahora

Recientes noticias han sacado a la luz que científicos británicos también están utilizando células fetales de bebés abortados para fabricar su vacuna contra el COVID-19, en concreto la línea celular HEK 293, según informa The Christian Post y recoge y traduce la página de noticias en internet de Andoc (Asociación Nacional para la Defensa del Derecho a la Objeción de Conciencia del Personal Sanitario).

Tanto la línea HEK 293 como la línea celular PER.C6, ambas extraídas de fetos abortados, son las que sabemos que se están utilizando en el desarrollo de algunas de las vacunas para el Sars-Cov2.

Quiero contextualizar que la utilización de células humanas procedentes de abortos en las vacunas es una práctica común desde hace décadas en la industria farmaceútica. Práctica polémica y también silenciada por eso mismo, aunque cada vez son más las voces que se elevan para denunciarla. Algunos médicos, científicos y asociaciones cívicas fueron los primeros.

Pero estos cuestionamientos no suelen llegar al ciudadano de a pie porque las noticias y testimonios contrarios a esta práctica farmacéutica no salen en los grandes medios de comunicación.

Siempre que expongo este tema me gusta referirme al científico español José Luis Redondo Calderón quien en el año 2008, en Cuadernos de Bioética, publicó su estudio pormenorizado sobre “Vacunas, biotecnología y su relación con el aborto provocado”, que recomiendo encarecidamente leer.

¿Cómo se obtuvieron las células HEK 293 y PER.C6?

HEK 293: “Las células 293 son células preparadas por Frank Graham en 1973 a partir de células renales de embrión humano, que obtuvo Van der Eb probablemente en 1972” con el objetivo de “investigación básica” (Cuadernos de Bioética 66 2a 185-392). HEK significa Human Embryonic Kidney. El feto abortado era normal sin nada patológico, las razones para el aborto son desconocidas. Está documentado que se picaron los riñones del feto con tijeras. Su identificación ATCC es: CRL-1573.

ATCC o American Type Culture Collection es la principal organización mundial de recursos estándares de materiales biológicos cuya misión se centra en la adquisición, autenticación, producción, preservación, desarrollo y distribución de microorganismos de referencia estándar, líneas celulares y otros materiales para investigación. A través de esta organización estas células se pueden comprar por internet a un precio de 595,00 €.

Por su parte, las células PER.C6. fueron “obtenidas por Fallaux y Bout en 1995 de cultivos de retina embrionaria extraída de tejido fetal por Van der Eb en su laboratorio de la Universidad de Leiden (Países Bajos)”, según explica Redondo Calderón. El aborto fue perpetrado en el hospital de Leiden en 1985 cuando el feto tenía 18 semanas de gestación. Las células PER.C6 son una marca registrada de Crucell. En Cellosaurus encontramos más datos y la identificación de estas células PER.C6 como CVCL_G704.

Cellosaurus es un recurso de conocimiento sobre líneas celulares. Intenta describir todas las líneas celulares utilizadas en la investigación biomédica.

ADN humano en las vacunas 

La historia de recurrir a los fetos abortados para la producción de las vacunas está muy relacionada con la finitud de células de otros animales. La clave la da el investigador abortista Leonard Hayflick en el año 1963 y no puedo dejar de recordarla aquí: “Entre las ventajas de las células diploides humanas frente a otras procedentes de monos, se encuentra el continuo sacrificio de éstos con el riesgo de que se agote el suministro”. ¡Terrible!

Según todo lo que llevo recopilado sobre este tema desde hace años, las células humanas más conocidas o utilizadas en las vacunas son las células WI-38 y MRC-5. También las más antiguas, datadas ambas en la década de los ‘60 del siglo pasado. En España estas células se encuentran en vacunas como la triple vírica, la de la varicela y la de la hepatitis A.

La denominación WI proviene de Wistar Institute, un organismo de la Universidad de Pensilvania en Filadelfia donde desarrollaba su trabajo Leonard Hayflick. “Los tejidos se picaban con bisturíes o con tijeras hasta conseguir fragmentos de 1 a 4 mm.”, según se detalla en la documentación recogida por Redondo Calderón. 

Las células WI-38 proceden del pulmón de un feto femenino abortado de aproximadamente tres meses de gestación. Concretamente era el feto que fue clasificado con el número 38, de entre todos los que se utilizaron y que tenían “las características buscadas”. En estos abortos colaboró también el Instituto Karolinska de Estocolmo.

Las células MRC-5 son fibroblastos pulmonares de un feto varón de 14 semanas de gestación. Las iniciales indican Medical Research Council, un organismo de Londres. Las células se obtuvieron en el año 1966 de un feto abortado por razones psiquiátricas. 

Existen otras células procedentes de abortos que se utilizan para investigación: células MRC-9, IMR-90, WS1, R-17, FHs74Int, FHs677Int, FHs680Int, Ad12HEK, Ad12 HER1, etc.

Vacunas procedentes de aborto vs. vacunas alternativas

La revista Science especifica que “al menos” seis de las posibles vacunas que se están desarrollando para el Covid19 emplean células de abortos provocados, y menciona las siguientes:

  • Cansino Biologics, Inc./Beijing Institute of Biotechnology.
  • University of Oxford/AstraZeneca.
  • Janssen Research & Development USA.
  • University of Pittsburgh.
  • ImmunityBio/NantKwest.
  • Altimmune

Por su parte, la asociación cívica de Estados Unidos Children of God for Life, con fundamento católico y muy activa en pedir vacunas éticas, expone una lista muy documentada, donde especifica que serían ocho las vacunas éticamente objetables que están en desarrollo actualmente para el Covid19; y también, en paralelo, menciona otros tratamientos moralmente aceptables, que no proceden de la muerte provocada de un ser humano. Ver aquí la comparativa.

Las vacunas que Children of God for Life señala como procedentes del aborto son:

  • Moderna And NIAID (HEK 293).
  • Johnson & Johnson/Janssen Tech (PER.C6).
  • Inovio Pharmaceuticals (HEK 293).
  • The University of Oxford (HEK 293).
  • CanSino Biologics (HEK 293).
  • University of Pittsburgh (HEK 293).
  • Altimmune (PER.C6).
  • Massachusetts Eye and Ear (HEK 293).

Desde su fundación, Children of God for Life trabaja arduamente para solicitar a las farmaceúticas que recuperen las vacunas moralmente aceptables para todas las inmunizaciones artificiales existentes, y no recurran al aborto para las nuevas vacunas; la asociación también se esmera en detallar y actualizar una relación extensa de todas las vacunas que hay en el mercado que proceden de abortos y todas las vacunas con otro origen celular diferente, éticamente aceptable.

Moralmente reprobable

La Academia Pontificia para la Vida se pronunció sobre esta práctica en su declaración: “Reflexiones morales acerca de las vacunas preparadas a partir de células provenientes de fetos humanos abortados”, fechada el 5 de junio de 2005. El documento se refiere principalmente a la problemática ética de esta introducción de ADN humano procedente de abortos en las vacunas infantiles y señala que “existe el deber grave de usar las vacunas alternativas y de invocar la objeción de conciencia respecto a las que presentan problemas morales”.

También hay otras voces que claman por aquellos que no tienen voz: el sacerdote católico Michael Copenhagen, en Estados Unidos, advierte abiertamente de la inmoralidad de usar las vacunas procedentes de abortos. Como ejemplo, este párrafo que he traducido de su artículo en inglés Restore Ye to Its Owners: on the immorality of receiving vaccines derived from abortion’ (‘Restaurar a sus dueños: sobre la inmoralidad de recibir vacunas derivadas del aborto’): “Un niño es arrancado del útero de su madre, y luego inmediatamente diseccionado, si es posible vivo con el corazón latiendo para que la muestra sea fresca. Luego se lleva un pedazo del órgano del niño a un laboratorio, se sumerge en una enzima para descomponer el tejido en células individuales y cuando una línea celular ‘inmortal’ se reproduce continuamente, se ha obtenido después de muchos abortos, está patentado y las células se multiplican industrialmente en tanques convirtiéndose en fábricas virales».

Debi Vinnedge, presidenta de Children of God for Life, levanta también su voz desde hace años. En un extenso artículo denunció los lamentables hechos “de ciencia”, ocurridos desde el año 1900 hasta nuestros días: “¿Qué has hecho? Se oye la sangre de tu hermano clamar a mí…” (Gen. 4:10). Fue traducido al español gracias al voluntario de Derecho a Vivir, Frank Kures, y yo tuve la gran fortuna de publicarlo, pocos días después de su aparición en inglés, en la web de noticias de HazteOir.org en junio de 2012. Extraigo algo de la pieza que titulé entonces: “Abandonando a Dios por causa de la Ciencia”.

Hay momentos en la historia de la humanidad cuando debemos detenernos mucho y examinar la senda que hemos tomado en el pasado, y más importante, examinar qué senda tomaremos en el futuro para corregir la ruta torcida que nos ha llevado hasta aquí desde el principio.

Tal ha sido el caso en que élites sociales, médicos y científicos en su celo por el poder y la gloria no vieron nada malo en poner fin deliberadamente a la vida de un ser humano prójimo para el llamado mejoramiento de otros a quienes se juzgaba merecedores de conservar. Este reportaje nos llevará de vuelta a una de las eras más detestables y vergonzosas de la historia – comenzando a principios de los años 1900 – de vuelta a un tiempo respecto del cual pocos de los que leen este artículo ni siquiera sabrían que existía en Estados Unidos. E increíblemente, lo que está Ud. a punto de leer se consideraba comportamiento perfectamente aceptable en la mayoría de los círculos”…

Me gustaría complementar este artículo con una segunda parte, donde expondré que la problemática sobre esta práctica -la de usar ADN humano procedente de abortos en las vacunas- no sólo es cuestionada desde un punto de vista ético sino también desde la perspectiva de reconocidos médicos y científicos por la probabilidad cierta de “recombinación” entre el ADN humano de la vacuna y el ADN del receptor de esa vacuna.

Por Actuall

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