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Todos contra Hungría: La intolerancia de los intolerantes

Compartido por La Verdad Ahora

El 15 de junio, el Parlamento húngaro (es decir, el órgano de gobierno representativo elegido por el pueblo húngaro) aprobó casi por unanimidad, 157-1 voto a favor, una enmienda a su Ley de Protección Infantil que prohíbe efectivamente cualquier propaganda LGBT+ dirigida a menores. ¿Qué pasó? Bueno, vimos cómo el ethos progresista que impera en nuestro tiempo no se trata de progreso en absoluto, sino que es un movimiento intolerante, imponente y que busca socavar por completo la autodeterminación y valores de pueblos regionales, en busca de una completa homogeneización basada en el «nuevo código moral» de la izquierda política (y esto incluye a muchos partidos también de derecha).

Mark Rutte, el primer ministro de los Países Bajos, amenazó al país húngaro con expulsión de la Unión Europea a menos que derogue la ley. «Mi objetivo es poner a Hungría de rodillas sobre este tema”, declaro el ministro.

Xavier Bettel, el primer ministro abiertamente gay de Luxemburgo, dijo que se enfrentaría al primero ministro de Hungría, Viktor Orbán, acusándole de ser un gobernante autoritario y anti-liberal, por supuesto, ignorando por completo que la enmienda fue aprobada casi unánimemente por el parlamento representativo húngaro, y que la mayoría de los ciudadanos húngaros aprueban dicha ley.

El presidente francés, Emmanuel Macron, audazmente declaró en el periódico Le Parisien: «Es una reversión terrible. Es una batalla cultural y de civilizaciones por la que debemos luchar. No nos rendiremos», pidiendo a otros estados miembros de la Unión Europea que «no muestren debilidad» hacia Hungría.

Por favor piense detenidamente lo que Macron está declarando tácitamente: el presidente de la República Francesa cree que defender el «derecho» de los niños a recibir propaganda y adoctrinamiento LGBT (por supuesto, todo financiando con dinero de los contribuyentes) es una batalla de proporciones «civilizacional», y que detener esto, es volver el tiempo hacía atrás. Por favor entienda bien lo que está retórica significa: esto es un ataque a la Cosmovisión Cristiana, y su concepción de la familia, el derecho parental, y los límites que pone sobre el gobierno secular.

El liberalismo actual, que no es más que progresismo, no tolera, no respeta la auto-determinación de los pueblos, y ciertamente es la antítesis de la Cosmovisión Cristiana, que irónicamente, es lo que en realidad gestó la grandeza de la Civilización Occidental. Busca imponerse en todas partes y, vía sus inmensos órganos intergubernamentales (es decir, no electos por la gente común) y organizaciones supuestamente «filantrópicas» que recibe miles de millones en financiación por miembros estados y corporaciones en cama con los políticos, busca transformar completamente las naciones históricamente Cristianas. Ciertamente no están ejerciendo presión sobre Arabia Saudita, Egipto o China, sin embargo, no tienen ningún problema comerciar con ellos (el primero ministro canadiense del Partido Liberal, Justin Trudeau, hasta alaba el poder dictatorial del partido comunista chino). El liberalismo-progresista actual amigos míos, por favor escúchenme, es el mayor enemigo del Cristianismo en la actualidad. El socialismo, el marxismo, el feminismo, el activismo LGBT y todas las demás ideologías anticristianas encuentran su nido precisamente en la cultura liberal-progresista, y juntos, están esforzándose tanto como sea posible para «descristianizar» las naciones históricamente Cristianas.

¿No me creen? Tomemos, por ejemplo, Päivi Räsänen, miembro del parlamento finlandés y ministra del Interior de Finlandia entre 2011 y 2015, ahora está esperando un juicio penal en Finlandia por simplemente tuitear un verso del libro de Romanos que condena la homosexualidad y por algo que escribió hace 15 años defendiendo la postura Cristiana sobre la sexualidad y la familia natural.

Es a esta “batalla cultural y civilizacional” a la que gobernantes como Emmanuel Macron se refieren. La guerra no es simplemente entre izquierda o derecha, progresistas contra conservadores, libertarios contra reaccionarios, posmodernistas contra tradicionalistas. Es mucho más profunda y trascendente: es entre dos visiones del mundo diferentes, opuestas y mutuamente excluyentes. Es entre una cosmovisión que tiene al hombre como el centro de toda ley y una que tiene a DIOS como la Cabeza. Es una visión del mundo que tiene al Estado como la fuente de toda verdad, y una que tiene la ley de DIOS como su fuente. Y como la luz y la oscuridad, estas dos no pueden coexistir, una necesariamente empujará a la otra hacia afuera.

Y es por eso que naciones que todavía son fieles a su herencia Cristiana, como Hungría, están siendo perseguidas. Sus nombres son demonizados por los medios corporativos, se habla mentiras de ellos y de sus leyes, siendo retratados como los «nuevos hitlers» del mundo, cuando en realidad es precisamente lo contrario: los gobernantes autoritarios de tipo fascista son los liberales que demandan que todos aceptemos el aborto, la homosexualidad, el transgenerismo, y todo tipo de vicio como si fuera «progreso» y «libertad», cuando lo único que estas cosas hacen es centralizar más el poder en el estado secular a costa de la autoridad parental.

Aquí las palabras de Judit Varga, la Ministra de Justicia húngara, que el periódico Politico Europe se negó a publicar en defensa de la enmienda que aprobó el parlamento húngaro:

– «La nueva ley se enfoca en garantizar los derechos de los padres y proteger a los menores de edad para que no accedan a contenidos que puedan contradecir los principios educativos que sus padres decidieron enseñarles hasta que ellos mismos se conviertan en adultos … En Hungría, todos son libres de expresar su identidad sexual como mejor les parezca, ya que la legislación húngara garantiza los derechos fundamentales en toda su extensión para cada minoría. No es ninguna contradicción que también garantice el derecho y la obligación de los padres de educar a sus hijos. No hay nada discriminatorio en esto».

Afortunadamente, Hungría no está sola. Aunque 17 de los estados miembros de la UE buscan castigar y oponerse a Hungría por su ley, 10 no se unieron. Andrzej Przylebski, embajador de Polonia en Berlín, argumentó que era «evidente» que el parlamento húngaro tenía el derecho de proteger a los niños por ley: «Esto no tiene nada que ver con la intolerancia, y mucho menos con perseguir a los homosexuales … esto tiene que ver con el derecho de los padres a escoger el tipo de educación que quieren que sus hijos reciban».

El choque de civilizaciones está lejos de terminar. Cada vez más las líneas divisorias se marcarán en la arena. Y aunque en este momento pareciera que que el ethos materialista, anti-Cristiano y laico-adorador del Estado secular parece reinar, estoy seguro de que veremos un resurgimiento de la fidelidad Cristiana, no solo a nivel individual, sino a nivel nacional.

Bien por Hungría, que siga siendo un pequeño destello de esperanza en un océano de una cultura sodomita progresista, que detesta la verdad, y por ende, no conoce lo que es la verdadera libertad.

Por Josué R.

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