Es un día especial para recordar que el mensaje del evangelio es suficiente, y que no necesita ser complementado ni maquillado para llegar a los corazones.
La tentación de añadir elementos externos, como representaciones teatrales, espectáculos visuales o performances circenses, puede parecer a veces una manera efectiva de atraer a más personas. Sin embargo, hoy más que nunca es crucial recordar que la Palabra de Dios no necesita sucedáneos. Su mensaje tiene el poder de confrontar, de redargüir de pecado y de otorgar salvación; el Espíritu Santo obra a través de la Escritura, no de artificios humanos.
La Biblia, por sí misma, es la espada de dos filos capaz de penetrar hasta lo más profundo del ser humano (Hebreos 4:12). Es la verdad pura y sin alteraciones la que el Espíritu Santo usa para iluminar el entendimiento y dar vida a quienes están muertos en sus delitos y pecados. Esto fue precisamente lo que motivó a los reformadores hace más de 500 años a regresar a las Escrituras y predicar con claridad el mensaje de salvación: que la fe en Jesucristo y la gracia de Dios son suficientes para redimir al ser humano.
El evangelio, entonces, no necesita añadidos para ser relevante o atractivo. Su poder y vigencia no dependen de la creatividad o de la persuasión humana, sino de la obra del Espíritu Santo en el corazón de cada persona que oye la Palabra. Es la Palabra misma la que da vida, renueva y transforma, sin que debamos ajustarla a los estándares del entretenimiento o de las tendencias actuales.
En este Día de la Iglesia Evangélica en Chile, celebremos el poder de este mensaje eterno que, sin adornos ni añadidos, sigue siendo luz y salvación para todos aquellos que creen. Que nunca perdamos de vista la centralidad y la suficiencia del evangelio y que sigamos proclamando con valentía y fidelidad lo que Dios nos ha dado en Su Palabra, la cual sigue siendo el pilar fundamental de nuestra fe.
por Alejandro Villegas S.