Desde una perspectiva cristiana, la clave para evitar el egoísmo y la idealización en una relación afectiva reside precisamente en amar como Dios nos amó y nos mandó amar, lo cual implica no buscar lo propio, sino el bienestar del otro.
Amar según el modelo divino.
La Biblia ofrece principios claros para el amor que contrastan directamente con el egoísmo y la idealización:
* Amor Ágape (Incondicional y Sacrificado): El amor que Dios muestra por nosotros, y el que se nos insta a tener, es el amor ágape. Este amor no se basa en lo que el otro puede darme o en una imagen perfecta que yo construyo, sino en la decisión de buscar el bien del otro, incluso si ello implica sacrificio personal.
* Filipenses 2:3-4 dice: “Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a sí mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros.” Este pasaje nos llama a una humildad radical que desplaza el enfoque de “lo mío” a “lo tuyo”.
* 1 Corintios 13:4-7 describe las cualidades de este amor: “El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se enorgullece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.” La frase clave aquí es “no busca lo suyo”. Un amor que no busca lo suyo es lo opuesto al egoísmo.
* Ver al Otro como Dios lo ve: La idealización surge cuando creamos una versión perfecta de la otra persona en nuestra mente. Desde una perspectiva cristiana, esto se evita al ver al otro como una creación de Dios, amada por Él, con sus virtudes y sus imperfecciones. Reconocer que la otra persona, al igual que uno mismo, es imperfecta y necesita de la gracia, fomenta la paciencia, el perdón y la aceptación genuina. No esperamos perfección de alguien que no es perfecto, y al mismo tiempo, valoramos su intrínseco valor como hijo/a de Dios.
* Dependencia de Dios, no del otro: La idealización a menudo es una forma de idolatría, donde colocamos a la pareja en el lugar que solo le corresponde a Dios como fuente de nuestra plenitud, seguridad y felicidad. Una relación basada en principios cristianos reconoce que solo Dios es la fuente última de satisfacción. Esto libera a la pareja de la carga imposible de tener que “completar” al otro y permite que ambos se relacionen desde una plenitud que proviene de su relación con Dios.
* Veracidad y Honestidad: El amor bíblico se goza de la verdad. Esto significa que una relación sana se construye sobre la honestidad y la autenticidad, no sobre fantasías o ilusiones. Reconocer y confrontar las imperfecciones de la pareja (y las propias) de manera amorosa y constructiva es parte del crecimiento.
La aplicación práctica
Para ambos, hombre y mujer, aplicar estos principios significa:
* Practicar la humildad: Estar dispuestos a servir al otro, a poner sus necesidades antes que las propias.
* Ejercitar la paciencia y el perdón: Entender que ambos cometerán errores y se necesitarán mutuamente gracia.
* Fomentar el crecimiento mutuo: Ayudarse el uno al otro a crecer espiritualmente y como personas, en lugar de intentar encajar al otro en un molde preconcebido.
* Buscar a Dios juntos: Hacer que la fe sea un pilar central de la relación, orando juntos, leyendo la Biblia y buscando la guía divina.
En esencia, cuando una relación se fundamenta en el amor que “no busca lo suyo” y que tiene a Dios como su centro, la idealización y el egoísmo pierden su poder, abriendo paso a un amor más profundo, real y duradero.
Por: Alejandro Villegas