El gobierno de Guatemala, a través del Congreso de la República, promulgó el Decreto 5-2025, el cual instituye el primer sábado de agosto de cada año como el Día Nacional de la Biblia. Este decreto fue aprobado el 12 de agosto de 2025 con un respaldo significativo de 110 votos a favor, reflejando un amplio consenso entre los legisladores. La iniciativa, promovida principalmente por el bloque legislativo Vamos y respaldada activamente por líderes y pastores evangélicos, tiene como propósito fomentar la lectura y reflexión de la Biblia, resaltando su importancia no solo desde una perspectiva espiritual, sino también como un documento de gran valor histórico, cultural y ético para la sociedad guatemalteca.
El decreto no establece esta fecha como un día de asueto oficial, lo que significa que no implica un feriado nacional. En cambio, se enfoca en incentivar a las instituciones públicas y privadas, incluyendo escuelas, universidades, iglesias y organizaciones cívicas, a organizar actividades que promuevan la lectura y el estudio de la Biblia. Estas actividades pueden incluir eventos como lecturas públicas, charlas, foros, talleres educativos y programas culturales que destaquen los valores y enseñanzas bíblicas. Es importante señalar que la participación en estas actividades es completamente voluntaria, ya que el decreto no impone ninguna obligación legal para llevarlas a cabo, sino que se presenta como una invitación abierta a la ciudadanía y a las instituciones para reflexionar sobre la relevancia de la Biblia.
Esta medida ha sido vista como un reconocimiento al impacto cultural y espiritual de la Biblia en Guatemala, un país donde la religión, particularmente el cristianismo, juega un papel significativo en la vida cotidiana de muchas personas. Sin embargo, también ha generado debates sobre la laicidad del Estado, ya que algunos sectores consideran que este tipo de iniciativas podría interpretarse como un respaldo estatal a una religión específica, lo que podría entrar en conflicto con el Artículo 36 de la Constitución Política de Guatemala, que garantiza la libertad de culto y la separación entre Estado y religión.
Por otro lado, es importante diferenciar esta medida del Día Nacional de la Biblia de otra iniciativa que aún está en discusión en el Congreso: una propuesta de ley presentada por el diputado Marvín Osorio del partido Libertad Democrática, que busca hacer obligatoria la lectura de la Biblia en todos los niveles educativos (preprimario, primario, básico y diversificado) en escuelas públicas y privadas. Esta propuesta, apoyada por la Alianza Evangélica y sectores de la Iglesia Católica, ha generado una polarización significativa. Mientras que sus defensores argumentan que la lectura bíblica fomentaría valores éticos y morales en la juventud, críticos como la Asociación de Humanistas Seculares de Guatemala sostienen que imponerla violaría el principio de laicidad del Estado, al privilegiar un texto religioso por encima de otros y potencialmente limitar la libertad de creencias de los estudiantes. Hasta la fecha, esta iniciativa de lectura obligatoria no ha sido aprobada y sigue en proceso de debate.
En conclusión, el Decreto 5-2025 representa un paso significativo para promover la Biblia desde un enfoque cultural y educativo en Guatemala, pero su implementación es flexible y no vinculante
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