“Cuando nuestra fe es puesta a prueba” por Alejandro Villegas

Texto base: Romanos 5:3-5

por Alejandro Villegas
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“Y no solo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.”

Hay momentos en nuestra vida en los que nuestra fe es puesta a prueba.

Momentos en los que las cosas no salen como esperábamos, las respuestas no llegan cuando las necesitamos y las circunstancias parecen contradecir aquello que creemos.

Es fácil hablar de fe cuando todo marcha bien.

Pero ¿qué sucede cuando llega la tribulación?

¿Qué sucede cuando oramos y todavía no vemos una respuesta?

¿Qué sucede cuando hacemos todo lo que está a nuestro alcance y, aun así, tenemos que atravesar un proceso difícil?

Es allí donde nuestra fe deja de ser solamente palabras y comienza a convertirse en una experiencia real con Dios.

La tribulación produce algo en nosotros

Pablo dice algo que humanamente puede resultar difícil de entender:

“Nos gloriamos en las tribulaciones.”

Pablo no está diciendo que debemos disfrutar del sufrimiento.

La tribulación duele. La pérdida duele. La incertidumbre duele. Esperar duele.

Pero Pablo había aprendido que Dios puede utilizar incluso aquello que nos duele para producir algo que necesitamos.

La tribulación produce paciencia, o perseverancia.

Es decir, nos enseña a permanecer.

Porque hay cosas que solamente aprendemos cuando tenemos que esperar.

Aprendemos a confiar cuando no podemos controlar el resultado.

Aprendemos a orar cuando ya no tenemos respuestas.

Aprendemos a depender de Dios cuando nuestras propias fuerzas ya no son suficientes.

La perseverancia forma nuestro carácter

Pablo continúa diciendo que la paciencia produce prueba.

La palabra apunta a un carácter que ha sido probado y encontrado firme.

Una fe que nunca ha sido probada puede ser una fe teórica.

Pero cuando atravesamos dificultades y seguimos confiando en Dios, nuestra fe adquiere profundidad.

Es como un árbol que ha tenido que enfrentar fuertes vientos.

Sus raíces se hacen más profundas.

Quizás la tormenta no fue agradable, pero hizo que el árbol estuviera mejor preparado para permanecer firme.

De la misma manera, algunas experiencias difíciles que quisiéramos evitar pueden convertirse en instrumentos que Dios utiliza para fortalecer nuestra vida espiritual.

Y la prueba produce esperanza

Aquí encontramos algo maravilloso.

Pablo no termina en la tribulación.

No termina en el dolor.

No termina en la espera.

Dice:

“Y la prueba, esperanza.”

El propósito de Dios no es dejarnos atrapados en el sufrimiento.

Él quiere llevarnos hacia una esperanza más profunda.

Una esperanza que no depende de que las circunstancias sean perfectas.

Una esperanza que no dice:

“Todo estará bien porque yo sé cómo va a terminar.”

Sino:

“Todo estará en las manos de Dios, aunque todavía no sé cómo va a terminar.”

Esa es una esperanza diferente.

Una esperanza que no avergüenza

Pablo termina diciendo:

“Y la esperanza no avergüenza.”

¿Por qué?

Porque nuestra esperanza no está basada en nuestras capacidades.

Está basada en el amor de Dios.

Quizás hoy no entiendes lo que estás viviendo.

Quizás estás atravesando una situación que nunca imaginaste.

Quizás llevas tiempo esperando una respuesta.

Pero hay algo que no ha cambiado:

Dios sigue amándote.

Y Pablo nos recuerda que el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo.

Eso significa que incluso en medio de la prueba no estamos abandonados.

Dios está presente.

No desperdicies tu proceso

A veces le pedimos a Dios:

“Señor, sácame de esta prueba.”

Y está bien pedirlo.

Pero también podemos orar:

“Señor, mientras estoy atravesando esta prueba, enséñame qué quieres formar en mí.”

Porque quizás Dios quiere producir paciencia.

Quizás quiere fortalecer nuestro carácter.

Quizás quiere enseñarnos a depender de Él.

Quizás quiere llevar nuestra esperanza a un nivel que nunca habíamos experimentado.

No sabemos cuánto durará la prueba.

Pero sí podemos decidir cómo vamos a atravesarla.

Podemos atravesarla con amargura o con fe.

Podemos permitir que nos aleje de Dios o utilizarla para acercarnos más a Él.

Cuando tu fe sea puesta a prueba

Si hoy estás atravesando una tribulación, no pienses que Dios se ha olvidado de ti.

Tu proceso no significa que Dios te abandonó.

Quizás todavía no puedes ver lo que Dios está haciendo.

Pero sigue confiando.

Porque Romanos 5 nos muestra un proceso:

La tribulación produce perseverancia.
La perseverancia produce carácter.
El carácter probado produce esperanza.
Y esa esperanza está sostenida por el amor de Dios.

Por eso, no abandones tu fe en medio de la prueba.

No renuncies porque la respuesta está tardando.

No permitas que un momento difícil determine lo que crees acerca de Dios.

La prueba puede cambiar tus circunstancias, pero no puede cambiar la fidelidad de Dios.

Reflexión final

Tal vez hoy estás preguntando:

“Señor, ¿cuándo terminará esto?”

Y quizás todavía no tengas la respuesta.

Pero puedes hacerte otra pregunta:

“¿Qué está produciendo Dios en mí mientras atravieso esto?”

Porque quizá aquello que hoy parece solamente una dificultad, mañana será parte del testimonio que contarás.

Quizás las lágrimas que hoy derramas serán mañana las mismas que recordarás cuando puedas decir:

“No entendía lo que Dios estaba haciendo, pero nunca me dejó.”

Así que permanece.

Sigue orando.

Sigue creyendo.

Sigue caminando.

Porque la prueba no es el final de la historia.

Dios puede usar la prueba para producir en ti una fe más firme, un carácter más fuerte y una esperanza que no avergüenza.

Y cuando todo haya pasado, podrás mirar atrás y comprender que incluso en los momentos más difíciles…

Dios estaba contigo.

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