La palabra hebrea הָלַל (halal), de donde proviene lehalel, significa “alabar, celebrar, glorificar, cantar o incluso alardear”. En su forma intensiva, el sentido principal es alabar.
También encontramos el término hebreo יָדָה (yadah), que significa “dar gracias, expresar loor o alabanza”.
En la Biblia encontramos abundantes enseñanzas acerca de cómo se debe adorar y alabar al Señor.
Por ejemplo, cuando nuestro Señor Jesucristo entraba a la sinagoga para leer los rollos de Isaías, jamás se menciona que hubiese gente danzando previamente a la predicación. La adoración estaba centrada en la Palabra, no en manifestaciones externas.
Muchos argumentan que David danzó delante de Jehová, pero debemos ser cuidadosos con ese ejemplo. Recordemos que David, aunque fue un hombre conforme al corazón de Dios, también cometió graves pecados: adulteró, planificó la muerte de un soldado para quedarse con Betsabé y, además, se nos dice que danzó sin sus vestiduras reales. ¿Es ese realmente el modelo que debemos seguir? ¡Definitivamente no!
El verdadero ejemplo a seguir no es un ser humano pecador por naturaleza, sino Jesucristo, nuestro Señor y Salvador, quien es el estándar perfecto para nosotros.
La Escritura lo declara en Juan 4:23-24:
“Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.”
¿En qué parte de este pasaje se menciona que es obligatorio ser músico, danzador o vestirse con prendas judías? ¡En ninguna!
Veamos con atención:
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“Mas la hora viene, y ahora es”: se refiere al momento en que el pecador pasa de muerte a vida (Efesios 2:1-10).
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“Los verdaderos adoradores”: son los cristianos, aquellos que han nacido de nuevo (Juan 3:8; Efesios 2:8-9; Tito 3:5).
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“Adorarán al Padre”: porque bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo (Efesios 1:3).
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“En espíritu”: porque al haber nacido de nuevo, es Dios mismo quien produce en el creyente tanto el querer como el hacer (Filipenses 1:6; 2:13).
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“Y en verdad”: no con psicología humana, filosofías o tradiciones, sino con la Sola Scriptura, porque las Escrituras son las que nos revelan la verdad, y esa verdad es Cristo Jesús.
El apóstol Pablo nos exhorta en Romanos 12:1 a presentar nuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo y agradable a Dios, lo cual es nuestro culto racional. Esto no es un acto de un solo día, sino un estilo de vida diario.
¿Qué sentido tendría aparentar santidad los domingos en la iglesia, cantando canciones de moda o siguiendo a predicadores en YouTube, mientras durante la semana practicamos la mentira, el chisme o la hipocresía?
Recordemos algo fundamental:
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La Biblia es el Logos escrito.
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Cristo es el Logos encarnado.
Por lo tanto, cada vez que usted se acerque a las Sagradas Escrituras con un corazón sincero, pidiendo al Padre discernimiento por medio de Su Santo Espíritu, y lo haga en el nombre de Jesús, usted está verdaderamente adorando en espíritu y en verdad.
Que esta breve exégesis sea de edificación para su vida.
Con cariño fraternal,
Su hermano en Cristo,
David Silva
Originally posted 2025-08-30 11:20:23.