¿A cuántos de nosotros nos han amonestado de pequeños con la evidente verdad de que “la vida no es justa”? Es una lección difícil, pero todos la hemos aprendido, normalmente antes de los seis años. Como adultos, estamos rodeados de pruebas de que la vida no es justa. Hace siglos, el rey Salomón se dio cuenta de que la vida no es justa: “Me volví y vi debajo del sol, que ni es de los ligeros la carrera, ni la guerra de los fuertes, ni aun de los sabios el pan, ni de los prudentes las riquezas, ni de los elocuentes el favor; sino que tiempo y ocasión acontecen a todos” (Eclesiastés 9:11). No, la vida “bajo el sol” no es justa, lo que lleva a muchos a preguntarse: “¿Por qué no?”.