Hoy quiero hablarte con sinceridad y con amor sobre algo que vemos cada día: la maldad está creciendo en el mundo, y muchos corazones se están enfriando. Quizás tú mismo lo has notado en tu trabajo, en tu familia, en las calles, incluso en las redes sociales, donde reina el egoísmo, la violencia y la indiferencia hacia el dolor ajeno.
Pero en medio de este panorama, la palabra de Dios nos recuerda algo vital en Mateo 24:12-13:
“Y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará. Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo.”
Hoy quiero animarte a que, en lugar de dejar que esta maldad apague tu amor y tu fe, te lleve a profundizar tu comunión con el Señor, a buscarlo más, a dejar la tibieza espiritual, y a vivir una fe genuina, demostrando tu cristianismo con amor al prójimo cada día.
No podemos ser cristianos de domingo solamente, que levantan las manos en el templo, pero durante la semana se olvidan de vivir la Palabra. El Señor nos llama a tener una fe constante, que se refleje en cada decisión y en cada palabra que sale de nuestra boca. Como dice Romanos 12:2:
“No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento.”
Esto significa que no debemos acostumbrarnos a la frialdad del mundo. Debemos mantenernos con el fuego del Espíritu encendido en nuestro interior, buscando al Señor en oración, en lectura de Su palabra, en adoración, y en obediencia cada día.